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Discriminación contra los indígenas.

Por: Basilio Chong Gómez. 5 de marzo del 2015.

Oligarquía vene patria.He convivido con los ngabes un poco más de 40 años en las fincas bananeras de

Changuinola, cuyos trabajadores son en su inmensa mayoría de esa etnia. Recuerdo que hace tres décadas se producían peleas multitudinarias entre los ngabes de las distintas fincas los días de pago. Peleaban hasta el cansancio y luego se retiraban a sus respectivos campamentos. No quedaba entre ellos rencilla ni enemistad, eran simples competencias. Omar Torrijos hizo dictar un decreto que prohibía la venta de licores a los indígenas y las batallas fueron cesando paulatinamente, pero un abogado interpuso un recurso de inconstitucionalidad contra la medida y la prohibición fue eliminada por la Corte, sobre la base de que era discriminatoria.

Las batallas campales desaparecieron y solo quedaron las pocas peleas de los días de pago entre algunos indígenas. Durante las mismas todos los vecinos se entretenían viéndolas. Terminaba cuando alguno de los contrincantes no tenía fuerzas para continuar. Los púgiles se abrazaban y la amistad continuaba sin rencores. También fui testigo de peleas entre indígenas en las que el que ganaba tenía el derecho, y lo ejercía, de llevarse la mujer del perdedor y toda su descendencia. Y es que los ngabes son polígamos,viven en la misma recámara con dos y tres compañeras y toda su prole. Son honestos, no como los latinos que tienen a las amantes escondidas.

Como nací en Calidonia y viví en el Chorrillo puedo dar fe de las palizas que los padres le daban a los niños latinos y a los negritos. Los indígenas ngobes no disciplinan a sus hijos a punta de rejeras ni golpes. Nunca castigan a sus hijos golpeándolos como hacen muchos latinos. En los barrios populares, cuando a un niño otro lo golpea, los padres envían al suyo a pelear, pues es un problema de legítima defensa. Si no devuelves el golpe, estás condenado a no salir más de la casa, pues te tendrán de congo y todos te golpearán. Al final, todo es un problema de norma de cultura. Tomen al super macho de Ricardo Martinelli, le dieron un trompón y no devolvió el golpe, y no porque fuese presidente, sino por su crianza de niñitoniñito rico. Ante esas situaciones se actúa de acuerdo con la norma de cultura. Si Martinelli hubiese sido chorrillero todavía estaría dándose de puñetes con el adversario.

En el caso de las niñas de San Cristóbal, sin pretender defender a las madres, lo cierto es que, no hay una investigación seria. Las madres no han sido indagadas. ¿Cómo comenzó la pelea? ¿Las pusieron a enfrentarse como gallito de pelea? ¿Quién provocó el incidente? Nada de eso se sabe. Pero, como desafortunadamente la procuradora general salió en la televisión y expresó que si lo de las niñas fuese maltrato, sería un delito y tendría pena de cárcel. ¿Creen ustedes que con esta manifestación un fiscal de campo iba a dejar en libertad a las madres de las niñas? Uno no puede dejar de preguntarse que, se ser estrictamente necesario, apartar a las niñas de sus madres; ¿Por qué no las depositaron con otros familiares o familias honestas que hay en la Isla San Cristóbal?

¿Por qué las arrancaron de sus hogares, de su hábitat natural y, como si fuesen una planta cualquiera, se la entregaron temporalmente a unos extraños en un albergue temporal? No es lo mismo convivir entre indígenas en una isla que en la selva de concreto de la ciudad de Panamá con todos los peligros que ello involucra. No hay peor acto de violencia que separar a las niñas de sus madres ¿Por qué no le dieron la Isla San Cristóbal por cárcel a las madres en lugar de ponerlas en prisión? Como siempre: justicia selectiva. A Poulette Mochila ni siquiera la han indagado y a Lucy Mochila le dieron el país por cárcel, como si el supuesto delito cometido por ellas fuese menos grave que la falta que hicieron las indígenas. Lamentablemente en Panamá, muchos funcionarios actúan y después piensan y analizan.

Los constantes atropellos y abusos que se han hecho contra nuestros indígenas ngnabes los han hecho reaccionar para defenderse. Cuando nadie se atrevía a cerrar una calle en Panamá, por temor a ser encarcelado, los ngabes cerraron el distrito de Changuilnola y, a pesar de los muertos y más de 700 heridos han contaminado cerrando la provincia.

Si las autoridades persisten en mantener encarceladas a las madres indígenas y a éstas desarraigadas de su hogar, más temprano que tarde, los indígenas reaccionarán violentamente.

Desde tiempos inmemoriales los indígenas han sido discriminados. Cuando regalaban a sus hijos por no poder mantenerlos o educarlos o, cuando los sectores medios y la burguesía se los pedían dizque para educarlos, los convertían en sus esclavitos domésticos y cuando finalmente el joven se escapaba y volvía a su familia, se creó la infame frase: indio, paloma y gato, animal ingrato.

Los medios de comunicación le han dado demasiada preponderancia a este incidente. Si quieren proteger a las niñas indígenas, vayan a Changuinola donde menores hasta de edad escolar se prostituyen con corruptor latinos. Persigan a los adultos que le pagan B/.0.50 por cromado a las niñas de San Miguelito.

Dejen de perder la visión del bosque por ver el árbol o, como solía dercirme mi madre ante casos como este : “Esas son novelerías de burro, maíz barato”.


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