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El Centralismo Democrático y su vigencia
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Lecturas libres: El Centralismo Democrático.

Por: Carlos Lenin Villa Toribio. 3 de marzo del 2017.

Tomado de Internet.

El Centralismo Democrático es uno de los principios rectores del Marxismo Leninismo por tal razón he iniciado una serie de lecturas que me ayuden a entenderlo lo mejor posible.

Para tal fin he comensado la lectura de algunos planteamientos sobre como entendieron el Centralismo Democrático algunos pensadores marxistas y los análisis que se hacen sobre este principio.

Comparto con ustedes mi primera lectura:

"Perspectiva jurídica en el pensamiento de Antonio Gramsci" del profesor José María Laso Prieto.

Con la utilización del concepto centralismo, Gramsci profundiza más que en el concepto anterior en las consecuencias jurídicas, políticas y económicas del fenómeno del centralismo. Para Gramsci, el centralismo no es únicamente el hecho del Partido revolucionario, sino también «el de la vida del Estado (unitarismo, Federación, unión de Estados federados, Federación de Estados y Estado Federal) de la vida interestatal (alianzas, formas diversas de internacional constelación política internacional, de la vida de las asociaciones políticas y culturales (Masonería, Rotary club, Iglesia Católica) Sindical, económicas, cartels, trust) en el mismo país, en diferentes países, &c.» (Mach, 1°, 4, ER).

De manera general, Gramsci distingue tres formas de centralismo: –el centralismo democrático. –el centralismo burocrático. –el centralismo orgánico.

Entre el centralismo democrático y el centralismo orgánico existe una estrecha interdependencia. El centralismo democrático es un centralismo en movimiento, es decir «una adecuación continua de la organización al movimiento real...» (Mach 105, ER).

Igual que lo había mantenido Lenin, a propósito del Movimiento «Revolucionario», el movimiento del centralismo democrático, es no sólo el resultado de constantes relaciones bilaterales entre la cúspide y la base del Partido, pero proviene también de su permanente adaptación a la situación histórica concreta, gracias a la extremada flexibilidad de la estructura –y al mismo tiempo muy rígida– que es capaz, por la acción práctica de su «Estado Mayor», las informaciones emanadas de la base, en línea política coherente, que será libre de captar la plenamente aceptada y libremente seguida, a cambio, por cada uno. En esto, pues, el centralismo democrático es un centralismo orgánico. Pero también lo es, en la terminología gramsciana, porque a través del centralismo, lo que aparece es la relación orgánica de organización-masas, es decir, y de nuevo, la relación intelectuales-masas. En efecto, si conservamos el ejemplo del Partido Revolucionario, el Partido, según Gramsci, ocupa la función y el lugar del intelectual –ver el apelativo de Palmiro Togliatti: Intelectual Colectivo– y por esta caracterización define un nuevo modo de acción en el seno mismo del Partido, un nuevo tipo de relación entre el Partido y las clases aliadas. El centralismo democrático descansa, por consiguiente, sobre un proceso de unificación orgánica que da al Partido la posibilidad de actuar como fuerza intelectual homogénea y de asegurar así su función hegemónica.

En resumen, el centralismo democrático queda definido como «una capacidad de equilibrar – Gramsci dice exactamente «atemperar»– las impulsiones de la base con las órdenes de arriba, como una inserción continua de los elementos que desembocan desde las profundidades de las masas, en el cuadro sólido del aparato de dirección, el cual asegura la continuidad y la acumulación regular de las experiencias (Mach 105. ER), e incluso, como la realización práctica de la educación de las masas, el centralismo democrático –«orgánico»– porque tiene en cuenta el movimiento que es el modo de expresión orgánica de la realidad histórica (Mach 105, ER) de una parte da al Partido, al Estado, o a cualquier otra organización concebida según esquemas) su eficacia hegemónica y por otra le pone al abrigo de la destrucción por la eliminación de su Estado Mayor, preparando a sus sucesores.

En oposición directa, el centralismo burocrático, ha perdido ese elemento orgánico –democrático de la organización, con lo que resulta una solidificación de las relaciones en el interior del Partido –por ejemplo– y el Estado Mayor, que ya no está unido a la base, se convierte en una esfera autónoma «una pura y estrecha palabrería que intenta perpetuar sus privilegios» (Mach, 105, ER). Esta «manifestación enfermiza», que se ha hecho posible por la falta de la madurez política de la base, se traduce en una rápida degeneración de las organizaciones contaminadas cuya esfera dirigente ya no representa a nadie más que a sí misma y ya no actúa sino en función de los intereses que le son propios. El centralismo burocrático, se funda sobre una visión estática, dogmática y mecánica de la realidad, que aparece como un dato inmutable y objetivamente perfecto.

Mientras que el centralismo democrático exigía la unidad orgánica entre la teoría y la praxis, entre las capas intelectuales y las masas populares, entre los gobernantes y los gobernados (Mach, 107, ER) el centralismo burocrático acaba por olvidar la unidad para no ser en última instancia más que «un saco de patatas», es decir una yuxtaposición mecánica de «unidades particulares sin lazo alguno entre ellas» Mach. 107, ER).

 

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